Un nuevo día había llegado y nuestro amigo el Sol ya estaba listo para salir.
Desde bien temprano, ya estaba preparándose para que el día fuera “Un Gran Día”.
Sin darse cuenta llegó su hora y el cielo se vistió de luz y color.
Nuestro amigo el Sol estaba muy contento, pues ninguna de esas nubes traviesas había venido a tapar su resplandor hoy.
Desde el cielo veía a los niños jugar y reír en el parque, la playa… y se sentía feliz porque en parte era gracias a él.
Un día el Sol ya estaba listo para salir, cuando notó que algo no iba bien. Su color estaba muy apagado y no alumbraba demasiado bien. De todas las maneras salió y pensó que la gente, ni los animales no notarían nada pero se equivocó.
En cuanto apareció en el cielo, todo el mundo notó algo, y, algunas personas se preguntaban:
-¿Qué raro, hoy parece que el Sol no ha salido, sin embargo, está ahí como siempre, qué le pasará?
Otros, sin embargo, se ponían una chaquetilla y seguían su camino, sin quejarse.
Pero entonces pasó algo muy raro, y es que, un pájaro muy pequeño y con pinta de tímido voló hacia él y, con cara de preocupación le dijo:
-¿Estás bien?, es decir, no alumbras demasiado, hace un poco de frio y casi no se puede ver.
El Sol le respondió:
-No, no me pasa nada es que estoy un poco cansado, nada más.
Pero el pájaro Paco, que así se llamaba el amable animal , en realidad sabía o qué le pasaba y muy bien; se podría decir que a él también le pasó algo parecido hace tiempo; siguió insistiendo hasta que el sol se lo contó:
-Bueno…en realidad si me pasa algo, es que…ya estoy cansado de estar aquí solo y…que bueno nadie me venga a ver.
Pero el pájaro le contestó:
-Si quieres, yo puedo llamar a unos amigos, y…podemos venir a… ejem, a verte.
El Sol le respondió:
-Vosotros, ¿haríais eso por mí?
El pájaro le respondió:
-Claro que si, tú eres el que nos alumbras y nos das calor, sin ti estaríamos helados y no se podría ver casi nada de no ser por las farolas.
Días más tarde, nuestro amigo el Sol estaba totalmente recuperado y muy feliz de que sus amigos los pájaros le visitaran y jugaran con el cada mañana nada más aparecer en el cielo.
Desde aquel día el Sol no volvió a estar triste, ni solo.
Y es que la mejor medicina es el amor, el cariño y el apoyo.
Alejandra, 11 años. Brihuega.
Esta niña es un ejemplo a seguir, una alumna excelente y como se puede comprobar ya tiene dotes de escritora, a su vez es una persona entrañable, amiga de sus amigas y muy responsable en las tareas del colegio. !Bravo Alejandra!